
“- Pero tú también pasas por el aro, Mirta”- me ha dicho Teri hoy.
A lo que yo me he exaltado. Llevaba todo el día tranquila y me he exaltado. No lo he podido remediar. Es cierto. Yo también paso por el aro. Paso por el aro y me bajo los pantalones hasta los tobillos porque ya alguien se los bajó hasta la rodilla.
No es justo. No es justo. No me gusta esta sociedad en la que vivimos. Y parece que no nos queda otra, que no hay otra opción, que si no te gustan las reglas del juego y te rebelas, no pasa nada. Otros vendrán que estén dispuestos a aceptarlas. Y tú seguirás comiendo mierda pero en la calle.
Y ya no es cuestión de regalar oro y esfuerzo. Es cuestión de que ese oro que regalamos cae en el limbo, en un vacío y a cambio sólo recibes billetes del monopoly a final de mes con lo que pagar el alquiler para no tener que acampar con los rumanos de enfrente de tu casa. Y mierda. Y un ataque frontal a tu honor y tu orgullo y, ¿por qué no? A tu persona.
Es increíble la bola que nos metieron cuando nos quedaba algo de inocencia. Nos dijeron que con trabajo y esfuerzo íbamos a llegar lejos, que conseguiríamos todo lo que nos propusiésemos. Todo mentira. Siento como si quisiera volar y alguien hubiese sellado las ventanas y me diese chocazos contra la pared todo el rato.
Somos dueños de nuestras vidas, pero no hacemos otra cosa que consentir, que callarnos para no perder lo poco que tenemos. Y es una pena. Es una pena que todo sea así porque, muy probablemente, el mundo se esté perdiendo grandes talentos que, desanimados, tiran la toalla antes de tiempo.
Y es la pescadilla que se muerde la cola. Si quisiésemos encontrar víctimas o culpables no sé quiénes serían. Pero las soluciones reparadoras me parecen absurdas.
Y ahora gaviotas rondan nuestras cabezas.
No creo que esto tenga pinta de mejorar.
1 comentarios:
¿Has visto 'Los pájaros' de Hitchcock? Pues eso...
Besos.
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