4.3.12

Una vez me enfadé y tiré el bote de ketchup. Estaba medio roto o, simplemente, yo no sabía encajarlo bien y salía ketchup a borbotones por todas partes. Así que, me dije a mi misma “ya está bien!” y lo tiré.

El Chico de los Detalles lo buscó un día porque lo necesitaba. “Lo he tirado” – dije yo. “Por qué?” – “Porque estaba roto”- “No estaba roto”. “Pues a mi no me gustaba que estuviese así.”
Hoy hubiese tirado el móvil nuevo, la estantería del armario o cuatro bolsos. Sin embargo me pasé tres semanas enteras con un vino para cocinar que tenía el tapón roto y utilizarlo era hacer malabares. Y no pasó nada.

11.2.12

ATARDECER EN EL FARO DE LAS DELICIAS

Podría pasarme toda la tarde así. Viendo atardecer sobre el Museo de Ferrocarril, con cara de idiota. Más bien con una sonrisa estúpida. Y con la mente prácticamente en blanco. Con una mirada iluminada, las pupilas dilatadas e imaginar un coche gris que se vuelve al barrio desde donde se ven las cuatro torres.

Podría estar así toda la tarde. Hasta que anocheciese tanto que sólo me pudiese iluminar la pantalla del ordenador. Todo a oscuras. Con el pensamiento de haber estado jugando con ventanas y aprendiendo a manejarlas. Con una sonrisa de doble poster en la Súper Pop. Con cálculos en un Excel que dice que tendría que ser de Pepephone. Con restos de mostaza y miel y dos guindillas bien identificadas y tiradas a la basura. Con el pensamiento que para él la vida es sueño y los sueños sueños son. Hasta eso me hace reír sin mosquearme por la cantidad de tiempo que se pierde con Morfeo.


Podría estar así hasta la noche. Hasta que me tuviese que meter en la cama y abrazar a Quesito y decirle: “Quién nos ha visto y quién nos ve”.

29.1.12

ESPERANDO AL PLANETA X

Hoy me encantaría que alguien me diera un beso en la frente, me tapara bien y yo me hiciera una bolita en la cama. 


Es de esos días en los que entro en bucle de canciones tristes, las mismas que, en algún momento, me aportaban un rayo de esperanza a la historia de mi vida. Ahora mis expectativas están centradas en un planeta llamado X que nadie sabe con certeza si vendrá y si vendrá a salvarnos de la prisa del reloj, de los miedos de dejarse llevar, de las inseguridades, de las incertidumbres.

No entiendo cómo las cosas se están precipitando de esta forma. No entiendo el por qué y si el desencadenante es sólo un pretexto, una justificación para poner el punto y final y empezar un nuevo libro. O si esto sólo va a servir de catapulta para el próximo paso y hacer todo más sólido. "Todo lo que no te mata, te hace más fuerte". Quisiera quedarme con la fortaleza.

Y quisiera no tomármelo como algo personal, pero es que es algo personal. No quisiera ser tremendista, pero ya puedo sentir el gélido vacío. Y no quiero.
"Aún están encajando las piezas del puzzle" - me ha dicho el Chico de los Detalles hoy.

Sí, quiero que encajen. Quiero seguir escuchando su voz a la salida del trabajo por mucho tiempo más, el eco de sus palabras preciosas de anoche, el olor de su colonia y que se siga enfadando porque no sé inglés y me mire con esos ojos que quieren decir "ves?". Quiero tener la certeza de que está, de que estamos los dos y de que cuando, finalmente, las piezas del puzzle encajen, seremos un equipo de polos opuestos, pero un gran equipo.

23.1.12

REVISIÓN DE NIVELES DE EXIGENCIA

Llevo casi 29 años viviendo conmigo misma y aún ahora no me acostumbro a mi forma de ser. Igual debería terminar de desdoblarme y darme cuenta de que las cosas tienen una importancia relativa, mucha tiene que ver con la que yo le quiera dar. Siempre fue así. Si me ahogo en un vaso de agua es porque, en algún momento, elegí hacerlo, consciente o inconscientemente. El caso es que elegí hacerlo y como si tuviese una pesa enorme, de un quintal, mínimo, me bajo hasta el fondo. Como si tocar fondo me justificase de todo lo que no me gusta del cielo en general.
El caso es que va siendo hora que revise mis niveles de exigencia. De exigencia mía personal y hacia los demás. Exigir que todos sean profesionales y no serlo yo no es justo. Que un despiste lo tiene cualquiera, es cierto, pero yo no. Yo no tengo despistes o en teoría, antes de esto, yo nunca tenía despistes.
Quizá es la escasa motivación, o el ritmo, o que me distraigo con el vuelo de una mosca…elementos externos aparte, no me interesa. Machacarme con haberme fallado a mi misma tampoco me lleva a ningún sitio. Asumir mi error, tragar saliva y asumir las consecuencias es lo único que me queda.
Porque no puedo subirme por las paredes. Es materialmente imposible. Igual esto es un toque de atención, - al menos yo lo percibo así - , que si no voy a ser capaz de repasar un texto quizá debería empezar a completar de manera exhaustiva ofertas de empleo y dejarme de tanto debate y hacer las cosas con tranquilidad. Ya no existe la tranquilidad. Ahora corre prisa.
Porque no es sano pensar que ya no sé hacer bien las cosas, incluso es totalmente insano pensar si alguna vez las supe hacer.

14.1.12


He llegado a casa hace un rato del Musical de Sabina. La historia ha tardado en engancharme, pero cuando me ha enganchado me he olvidado de todo. De Julia Roberts en la partida de polo de estos tres últimos días, de la cárcel y el balón que compraremos para hacer más entretenidos los descansos, de la impotencia por no sentirme libre de decir lo que quiero decir, del miedo a no dejarme llevar.

Me he olvidado de que mañana es sábado. De mi trabajo de monos, de mi casi no llegar a fin de mes, de que esta mañana he consolado a un funcionario al que le reubicarán por el cambio de gobierno.

Me he olvidado de que quiero cancelar mis clases de inglés para siempre porque he aceptado mi falta de interés hacia ese absurdo y simple idioma, que tengo que limpiar el salón y recoger todos los zapatos que andan por mi habitación, que no estaría mal que ordenase todos los que tengo dentro del armario y, de paso, comprobase si tengo algo para poder ir a la montaña.

Me he olvidado de que hace una semana estaba en la Ciudad de los Colores, de que el camino de baldosas amarillas lo he trazado ya y ya he empezado a recorrerlo, del órdago, del reto y de quien la sigue la consigue.
Y voy a bajar la persiana y parar el tiempo. Mañana todo eso me seguirá esperando.

12.1.12

LA VIOLETERA

" - Has dado la vuelta al contrario. Dame la mano, te he indicado que giraras a la izquierda y has girado a la derecha" - me ha dicho el Maestro, mientras sonaba, quizá, un tango. - "No te dejas llevar".
"- Es que no veía tus pasos..." - he contestado yo.
Mentira. Es que no sabía cómo iba a ser el siguiente.

5.1.12

DESEOS LANZADOS A ORIENTE

Este año, como no podía ser de otra manera, tampoco me he dignado a ir a ver la Cabalgata. También es cierto que estas Navidades son bastante extrañas y hasta me han cogido por sorpresa, debe ser el cambio climático. Poder ir sin abrigo y estar en terrazas en la Ciudad de los Colores tampoco ayuda. Igual debería nevar para que hubiese más clima navideño. Igual con mi Santa Con en París tuve más que suficiente. Vistos 150 tipos disfrazados de Papá Noël, vista la Navidad. Enterita.

Y hoy es la noche de Reyes. Y, como no podía ser de otra manera, este año también tengo preparada mi carta que el 2011, a pesar de todo, lo supe capear bastante bien:

- Quiero la luz para el Faro de las Delicias. Pero la luz real. La de verdad. La de encender el interruptor y que todo se ilumine. Nada de metáforas por favor.

-Quiero un árbitro que vigile que nadie robe. Ni políticos, ni banqueros, ni casas reales. Que nos demos cuenta de que todos formamos parte de un mismo equipo. Quiero que desaparezca La Ley de la Selva, que no haya que empujar al prójimo para trepar al árbol más alto sólo por estar más alto.

-Quiero un soplo de aire fresco que haga que las colas del paro sean cada vez menos colas.

-Quiero una Nancy de la que aprender y no a la que temer si no me lanzo a la piscina con la piscina vacía.

- Quiero 100 euros más a final de mes. O 200, pero me conformaría incluso con 100.

- Quiero una aguja para pinchar de forma definitiva la patata caliente que nos vamos pasando y quiero contratar unos sicarios que destruyan el aro de forma radical y para siempre.

- Quiero unas cartas del tarot trucadas. Para que nadie tenga miedo del futuro.

- Quiero saquitos de paciencia distribuidos por todas las casas de este país y los vecinos. Y muchos paraguas, para que aguantemos el chaparrón. También quiero una pizarra y una tiza, para que apuntemos nuestras soluciones y una pancarta ya hecha para salir a reclamarlas.

- Quiero mucha cafeína para los que todavía siguen dormidos. Para que se despierten. Y que añadan también bebidas energéticas.

- Quiero una bola de cristal para saber qué piensan las personas que no me son claras.

- Quiero un micrófono para que la gente hable. Y un teléfono para que llamen y puedan comunicarse de forma bidireccional.

- Quiero agua, mucha agua para que la gente se aclare bien.

- Quiero una maleta que llenar y un billete y una brújula para quien la necesite.

- Quiero un aspirador para quitar la niebla y tener claridad mental.

Y por ahora, eso es todo. Igual me dejo cosas en el tintero, pero hay muchos niños a los que visitar esta noche y, además, yo me confesé esta mañana republicana…pero confío en vuestra magia.

Mirta.